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    El olimpo es de ellos. Por eso, la Liga de Campeones de la UEFA utiliza una pieza de Händel adaptada por el compositor Tony Britte, para representarnos a los millonarios futbolistas como dioses del olimpo en plena gesta. Mientras los purpurados se entregaban a los ritos de elección del nuevo papa, en Nueva York, el Vaticano se aliaba con países fundamentalistas para evitar que la ONU sacase adelante un texto condenatorio de las agresiones contra las mujeres y a favor del acceso a la salud reproductiva.

    Porque a la Iglesia de Roma nunca le ha gustado que se rechacen las tradiciones y los motivos religiosos como excusa para tolerar la violencia de género. La situación es peor que hace una década. En el hospital de Mazar-i-Sharif llegan ahora una media de tres chicas al día que han intentado suicidarse usan matarratas.

    Hace diez años llegaban un par de ellas al mes. En este apartado analizaré la primera dicotomía genérica virgen-madre. Desde luego que contiene un conjunto de atributos de comportamiento, de relación con los hombres y de la definición de su ser, que, como en todas las vírgenes, se concreta en un cuerpo intocado, sólo materno, y que tiene una gran semejanza, paralelamente, con la naturaleza. Así también, arquetípicamente se refiere a la Gran Madre [1] como nuestro origen supremo y se remite y lo constata en todas las civilizaciones, en todas las historias, y lo verifica en el Renacimiento y dentro de la mitología judeo-cristiana.

    El origen también se remite al Génesis Eva de donde se desprende la mujer dotada de atributos de bondad y de pureza al igual que de maldad y desconfianza. Aparece muy ligados, a este estereotipo, la imagen de la virgen y el de la santa, que como comenta Gladys Villegas [2] son difíciles de retratar, pues se les considera almas carentes de vida emocional, y que del mismo modo se les ha construido su propio cliché: Los artistas que han realizado la imagen de la mujer virgen son numerosos, sólo citaré algunos: Por otro lado consideré la manifestación cultural de los chicanos la cual se caracteriza por la utilización de los símbolos religiosos, políticos, indígenas y por el reflejo de sus problemas sociales y de identidad.

    En el caso de la mujer, la imagen se refleja contundente tanto en sus raíces y tradiciones populares, retomando el ícono de la Virgen de Guadalupe.

    La imagen del estereotipo de la madre se muestra de una forma directa y tradicional en las obras de artistas españoles tal es el caso de Genaro Urrutia con Maternidad fig. La representación de la mujer ha venido marcada por un escaso desarrollo en lo que se refiere al arte español.

    Sin embargo, las realizaciones llevadas a cabo, marcan un hito en la Historia del Arte, tal vez precisamente por su fuerza en un mundo que les es hostil. A su vez, estos cuerpos se entrelazan con elementos decorativos con los que los cuerpos se entrelazan: Se encuentran en una especie de isla flotante sobre una superficie oscura. Se distinguen los rostros de las muchachas: Una de ellas mira fijamente fuera del cuadro.

    Se representan así diversas etapas de la inconsciencia antes de llegar a ser mujer. La siguiente dicotomía genérica presenta a la prostituta y femme fatale. La prostituta es la mujer social y culturalmente estructurada en torno a su cuerpo erótico, en torno a la transgresión.

    En un nivel ideológico simbólico, en ese cuerpo no existe la maternidad, pues se encuentra pervertida. La mujer fatal ha existido desde la mitología y en el folclor en todas las culturas. The worst stigmatization falls on sexual laborers. Religious, ethnic and class prejudices converge in this situation.

    The stigmatizing discourse is shared by political sectors from both right and left. It is even supported by some feminist sectors and this generated an important polemic between abolitionists and defenders of the prostitutes' human rights.

    Although international laws on the matter are becoming more nuanced, the matter is not resolved and discrimination furnishes the bases for the exercise of symbolic and material violence against these women.

    Así, algunos artículos sobre el tema se centran en la violencia que puede ejercerse sobre las prostitutas y en la degradación que esta actividad significa, separando este fenómeno de las condiciones económicas de la sociedad en que se produce. La hipótesis de este artículo, es que se entiende mejor el fenómeno del trabajo sexual si se lo contextualiza y se lo considera como un punto extremo de estigmatización dentro de una secuencia que abarca los distintos roles familiares y profesionales que se asignan a las mujeres y cuya valoración social va de la aceptación al rechazo.

    Puede partirse del supuesto de que las presiones socioculturales que se ejercen sobre las distintas mujeres se agrupan en un continuo, desde las encaminadas a empujar a las mujeres "correctas" a limitar "voluntariamente" sus opciones a aquello que se espera de las buenas hijas, esposas, madres y amas de casa, hasta la desvalorización que se ejerce sobre las que se apartan de los modelos impuestos: De este modo puede verse que la desvalorización no es un problema que afecte sólo a los sectores estigmatizados, porque a través de la presión que se ejerce sobre ellos, en realidad lo que se procura, es disuadir a las restantes mujeres de apartarse de la norma.

    Es decir que la estigmatización de diferentes colectivos de mujeres es un eficaz mecanismo para controlar a las mujeres no estigmatizadas y disuadirlas de infringir los modelos vigentes.. El problema afecta a todos los trabajos considerados tradicionalmente femeninos, aunque de una manera diferente. Las tareas de ama de casa -como limpiadoras, cuidadoras de niñas y niños y de personas enfermas o ancianas y prestadoras de afecto y servicios sexuales- tienen reconocimiento social, es decir se considera correcto y apropiado que las mujeres las realicen, pero cumplidas en el seno de la familia carecen de retribución económica.

    Las mismas tareas, volcadas al mercado de trabajo, pierden su prestigio de actividad altruista, sin adquirir en compensación una retribución adecuada. Se mantienen como actividades desregularizadas laboralmente, con escasa cobertura legal y protección social y con salarios que no alcanzan los límites del mínimo interprofesional.

    La correlación inversa entre logro económico y prestigio social, que se da en todas las tareas tradicionales femeninas, llega a su mayor expresión en el caso del trabajo sexual, en que las ventajas de unos ingresos medios ligeramente superiores a los salarios mínimos se anulan socialmente con un incremento enorme de la estigmatización, que incluye la violencia simbólica de negarle a su actividad, la condición y dignidad de trabajo.

    Así a las estigmatizaciones que acompañan para las mujeres la utilización de su sexualidad fuera de los marcos establecidos como correctos, se agrega la desvalorización de los sectores con pocos recursos económicos. En general, las prostitutas suelen ser mujeres pobres. Esto va desde la pérdida legal de derechos económicos que afecta a las viudas, a la falta de reconocimiento a las parejas de hecho y a las parejas homosexuales y la falta de reconocimiento de su actividad como un trabajo, que padecen las prostitutas.

    La falta de estos reconocimientos aumenta la vulnerabilidad de cada sector y deja a las mujeres indefensas ante la arbitrariedad institucional. Las personas a las que se "protege" pierden autonomía y capacidad de organización.

    Sólo una cobertura legal apropiada permite el empoderamiento. En el caso de las trabajadoras sexuales, se las ve como víctimas, siempre engañadas o manipuladas, y se las marginaliza de los colectivos profesionales o de las asociaciones vecinales. Se habla sobre ellas pero sin escucharlas. Tampoco se respeta su imagen en los medios de comunicación, ya que sólo son noticia cuando su situación particular permite reforzar los prejuicios previos.

    De una manera perversa, se manifiestan contra ellas los prejuicios raciales o étnicos y las condenas moralistas, cubierto todo ello de un lenguaje proteccionista.

    La fuerte discriminación social referente a la prostitución se apoya en las especificaciones de género imperantes en nuestra sociedad. Se han construido modelos de cómo deben ser los hombres y cómo deben ser las mujeres, y esto determina las expectativas, los premios y las sanciones.

    Sin embargo, estos modelos funcionan de acuerdo a lógicas diferentes, mientras el modelo masculino se apoya en elementos de autorrealización que tienden a hacerlo atractivo a sus destinatarios es un modelo que se generaliza a partir de los premios que ofrece, tales como autoestima, logros económicos y poder el modelo femenino implica un gran nivel de exigencias y pocas compensaciones, por lo que se impone a través de sanciones y castigos materiales o simbólicos.

    El principal de estos castigos es la violencia simbólica de la discriminación, aunque implica también violencia material escalonada desde el maltrato al asesinato.

    La estigmatización social reservada a las mujeres que se apartan de la norma de brindar gratuitamente su tiempo y su trabajo a los hombres, se concreta en un fuerte rechazo a las prostitutas.

    La desvalorización de este sector se mantiene así por la función pedagógica que cumple con respecto a las mujeres no prostitutas. La prostitución quedaría como una profesión y una posible oferta de trabajo para toda mujer en paro. Se mandaría el mensaje a las mujeres y nenas de que si algo fallase en sus vidas podrían recurrir a la alternativa de ser prostituídas. Pero esta discriminación agresiva de las trabajadoras sexuales se apoya también en otro elemento ligado a la construcción social de los géneros.

    Me refiero al arquetipo viril. Cuando se enfrentan con las prostitutas que no dan amor y sólo prestan sus servicios por un precio convenido, encuentran que esta relación negociada mortifica su ego, y restablecen simbólicamente el equilibrio, despreciando y desvalorizando a sus interlocutoras en la relación pactada.

    Desde el punto de vista de la discriminación por clases sociales, hay que tener en cuenta que la prostitución es un "mal trabajo", desagradable y mal pagado, pero que constituye una actividad refugio con la que se ganan la vida en cada país miles de mujeres con cargas familiares o necesidades económicas urgentes. Las prostitutas vistas como pecadoras que pueden ser salvadas o como víctimas a las que se debe ayudar, forman parte del imaginario de su clientela tradicional.

    Los militantes de izquierda, por su parte, suelen compartir con el modelo religioso algunos tics salvacionistas y una visión puritana del mundo, que los ha llevado a acercarse tarde y mal al problema de la variedad de las manifestaciones de la sexualidad y a la posibilidad de entender el sexo pagado. La identificación de las trabajadoras sexuales como víctimas, carentes de proyectos propios y necesitadas de una intervención exterior que las salve de su triste situación, se corresponde entonces con el discurso de algunas corrientes del feminismo radical 8 , que asumen una idea demasiado general de las mujeres y se autoasignan su representación.

    Grupos que han sufrido a lo largo de la historia ofensas y valoración negativa, que debilitaban sus posibilidades de acceder a una ciudadanía completa, suelen desarrollar una estrategia de reconocimiento que implica asumir la representación de otros sectores a los que a su vez se ignora o se reconoce de una manera distorsionada. También hemos trabajado como prostitutas y no nos avergonzamos porque esta ha sido la forma por la que hemos sobrevivido durante generaciones.

    El problema se agrava si al campo de prejuicios socialmente construidos sobre la prostitución, se agregan las estigmatizaciones racistas y xenófobas. Esto da campo para nuevas elaboraciones victimistas, desarrolladas por asociaciones abolicionistas que con el discurso de salvar a las mujeres de la esclavitud y de la trata, realmente les niegan su capacidad de actuar y de decidir, con lo que dificultan objetivamente la persecución de las redes mafiosas, al medir todas las infracciones con el mismo rasero.

    Pero los contenidos de las sanciones legales y la ideología en que se apoyan han ido cambiando. En la "Convención por la represión de la trata de seres humanos y de la explotación de la prostitución de otros", aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 2 de diciembre de , que entró en vigor el 25 de julio de , se ponía el énfasis en penar la prostitución o su incitación, aunque hubiera consentimiento de las personas afectadas Art.

    Castigaba a quienes dirijan, financien o alquilen casas de prostitución y a quienes se beneficien económicamente de la prostitución de otras personas Art. Como aspecto positivo de este convención, puede señalarse que promovía la abolición de todo tipo de inscripción en registros especiales de las personas que se dedicaban a la prostitución. El punto 3 de las consideraciones especifica:

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    Las mujeres en un mundo en proceso de globalización. Iba prostitutas de club loquo prostitutas a las bases militares americanas para conocer gente nueva, para socializar. A su vez las personas "sin papeles" padecen la arbitrariedad policial y se transforman en receptoras preferentes de la violencia institucional, ya que la maraña de disposiciones y reglamentaciones hace que estén siempre en infracción, lo que las deja en una posición muy débil para reclamar derechos. Tampoco se respeta su imagen en los medios de comunicación, ya que sólo son noticia cuando su situación particular permite reforzar los prejuicios previos. prostitutas en estereotipos de la mujer

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    RELACIONES SEXUALES CON PROSTITUTAS PROSTITUTAS EN SANTANDER Religious, ethnic and class prejudices converge in this situation. En el caso de la mujer, la imagen se refleja contundente tanto en sus raíces y tradiciones populares, retomando el ícono de la Virgen de Guadalupe. Entre su padre y su madre existía una relación de amor-odio y de víctima-verdugo. Una perspectiva no androcéntricaMéxico, Universidad Veracruzana, El problema se agrava si al campo de prejuicios socialmente construidos sobre la prostitución, se agregan las estigmatizaciones racistas y xenófobas. También se castiga si se ha empleado fraude o engaño o si se ha hecho abuso de autoridad Con el fin de la explotación del trabajo o de los servicios de esta persona, comprendidos bajo la forma de trabajo o servicios forzados u obligatorios, de esclavitud o de servidumbre, o con fines de explotación de la prostitución de otros y otras formas de explotación sexual, incluida la pornografía. La fuerte webs de prostitutas prostitutas a domicilio lleida social referente a la prostitución se apoya en las especificaciones de género imperantes en nuestra sociedad.
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    The rigid norms assigned to gender roles sanction some behaviors by women as deviant and punish them with stigmatization. The worst stigmatization falls on sexual laborers. Religious, ethnic and class prejudices converge in this situation. The stigmatizing discourse is shared by political sectors from both right and left. It is even supported by some feminist sectors and this generated an important polemic between abolitionists and defenders of the prostitutes' human rights.

    Although international laws on the matter are becoming more nuanced, the matter is not resolved and discrimination furnishes the bases for the exercise of symbolic and material violence against these women. Así, algunos artículos sobre el tema se centran en la violencia que puede ejercerse sobre las prostitutas y en la degradación que esta actividad significa, separando este fenómeno de las condiciones económicas de la sociedad en que se produce. La hipótesis de este artículo, es que se entiende mejor el fenómeno del trabajo sexual si se lo contextualiza y se lo considera como un punto extremo de estigmatización dentro de una secuencia que abarca los distintos roles familiares y profesionales que se asignan a las mujeres y cuya valoración social va de la aceptación al rechazo.

    Puede partirse del supuesto de que las presiones socioculturales que se ejercen sobre las distintas mujeres se agrupan en un continuo, desde las encaminadas a empujar a las mujeres "correctas" a limitar "voluntariamente" sus opciones a aquello que se espera de las buenas hijas, esposas, madres y amas de casa, hasta la desvalorización que se ejerce sobre las que se apartan de los modelos impuestos: De este modo puede verse que la desvalorización no es un problema que afecte sólo a los sectores estigmatizados, porque a través de la presión que se ejerce sobre ellos, en realidad lo que se procura, es disuadir a las restantes mujeres de apartarse de la norma.

    Es decir que la estigmatización de diferentes colectivos de mujeres es un eficaz mecanismo para controlar a las mujeres no estigmatizadas y disuadirlas de infringir los modelos vigentes.. El problema afecta a todos los trabajos considerados tradicionalmente femeninos, aunque de una manera diferente.

    Las tareas de ama de casa -como limpiadoras, cuidadoras de niñas y niños y de personas enfermas o ancianas y prestadoras de afecto y servicios sexuales- tienen reconocimiento social, es decir se considera correcto y apropiado que las mujeres las realicen, pero cumplidas en el seno de la familia carecen de retribución económica. Las mismas tareas, volcadas al mercado de trabajo, pierden su prestigio de actividad altruista, sin adquirir en compensación una retribución adecuada.

    Se mantienen como actividades desregularizadas laboralmente, con escasa cobertura legal y protección social y con salarios que no alcanzan los límites del mínimo interprofesional. La correlación inversa entre logro económico y prestigio social, que se da en todas las tareas tradicionales femeninas, llega a su mayor expresión en el caso del trabajo sexual, en que las ventajas de unos ingresos medios ligeramente superiores a los salarios mínimos se anulan socialmente con un incremento enorme de la estigmatización, que incluye la violencia simbólica de negarle a su actividad, la condición y dignidad de trabajo.

    Así a las estigmatizaciones que acompañan para las mujeres la utilización de su sexualidad fuera de los marcos establecidos como correctos, se agrega la desvalorización de los sectores con pocos recursos económicos.

    En general, las prostitutas suelen ser mujeres pobres. Esto va desde la pérdida legal de derechos económicos que afecta a las viudas, a la falta de reconocimiento a las parejas de hecho y a las parejas homosexuales y la falta de reconocimiento de su actividad como un trabajo, que padecen las prostitutas. La falta de estos reconocimientos aumenta la vulnerabilidad de cada sector y deja a las mujeres indefensas ante la arbitrariedad institucional.

    Las personas a las que se "protege" pierden autonomía y capacidad de organización. Sólo una cobertura legal apropiada permite el empoderamiento. En el caso de las trabajadoras sexuales, se las ve como víctimas, siempre engañadas o manipuladas, y se las marginaliza de los colectivos profesionales o de las asociaciones vecinales.

    Se habla sobre ellas pero sin escucharlas. Tampoco se respeta su imagen en los medios de comunicación, ya que sólo son noticia cuando su situación particular permite reforzar los prejuicios previos. De una manera perversa, se manifiestan contra ellas los prejuicios raciales o étnicos y las condenas moralistas, cubierto todo ello de un lenguaje proteccionista.

    La fuerte discriminación social referente a la prostitución se apoya en las especificaciones de género imperantes en nuestra sociedad. Se han construido modelos de cómo deben ser los hombres y cómo deben ser las mujeres, y esto determina las expectativas, los premios y las sanciones. Sin embargo, estos modelos funcionan de acuerdo a lógicas diferentes, mientras el modelo masculino se apoya en elementos de autorrealización que tienden a hacerlo atractivo a sus destinatarios es un modelo que se generaliza a partir de los premios que ofrece, tales como autoestima, logros económicos y poder el modelo femenino implica un gran nivel de exigencias y pocas compensaciones, por lo que se impone a través de sanciones y castigos materiales o simbólicos.

    El principal de estos castigos es la violencia simbólica de la discriminación, aunque implica también violencia material escalonada desde el maltrato al asesinato. La estigmatización social reservada a las mujeres que se apartan de la norma de brindar gratuitamente su tiempo y su trabajo a los hombres, se concreta en un fuerte rechazo a las prostitutas. La desvalorización de este sector se mantiene así por la función pedagógica que cumple con respecto a las mujeres no prostitutas.

    La prostitución quedaría como una profesión y una posible oferta de trabajo para toda mujer en paro. Se mandaría el mensaje a las mujeres y nenas de que si algo fallase en sus vidas podrían recurrir a la alternativa de ser prostituídas. Pero esta discriminación agresiva de las trabajadoras sexuales se apoya también en otro elemento ligado a la construcción social de los géneros. Me refiero al arquetipo viril. Cuando se enfrentan con las prostitutas que no dan amor y sólo prestan sus servicios por un precio convenido, encuentran que esta relación negociada mortifica su ego, y restablecen simbólicamente el equilibrio, despreciando y desvalorizando a sus interlocutoras en la relación pactada.

    Desde el punto de vista de la discriminación por clases sociales, hay que tener en cuenta que la prostitución es un "mal trabajo", desagradable y mal pagado, pero que constituye una actividad refugio con la que se ganan la vida en cada país miles de mujeres con cargas familiares o necesidades económicas urgentes.

    Las prostitutas vistas como pecadoras que pueden ser salvadas o como víctimas a las que se debe ayudar, forman parte del imaginario de su clientela tradicional. Los militantes de izquierda, por su parte, suelen compartir con el modelo religioso algunos tics salvacionistas y una visión puritana del mundo, que los ha llevado a acercarse tarde y mal al problema de la variedad de las manifestaciones de la sexualidad y a la posibilidad de entender el sexo pagado.

    La identificación de las trabajadoras sexuales como víctimas, carentes de proyectos propios y necesitadas de una intervención exterior que las salve de su triste situación, se corresponde entonces con el discurso de algunas corrientes del feminismo radical 8 , que asumen una idea demasiado general de las mujeres y se autoasignan su representación.

    Grupos que han sufrido a lo largo de la historia ofensas y valoración negativa, que debilitaban sus posibilidades de acceder a una ciudadanía completa, suelen desarrollar una estrategia de reconocimiento que implica asumir la representación de otros sectores a los que a su vez se ignora o se reconoce de una manera distorsionada.

    También hemos trabajado como prostitutas y no nos avergonzamos porque esta ha sido la forma por la que hemos sobrevivido durante generaciones.

    El problema se agrava si al campo de prejuicios socialmente construidos sobre la prostitución, se agregan las estigmatizaciones racistas y xenófobas. Esto da campo para nuevas elaboraciones victimistas, desarrolladas por asociaciones abolicionistas que con el discurso de salvar a las mujeres de la esclavitud y de la trata, realmente les niegan su capacidad de actuar y de decidir, con lo que dificultan objetivamente la persecución de las redes mafiosas, al medir todas las infracciones con el mismo rasero.

    Pero los contenidos de las sanciones legales y la ideología en que se apoyan han ido cambiando. En la "Convención por la represión de la trata de seres humanos y de la explotación de la prostitución de otros", aprobada por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 2 de diciembre de , que entró en vigor el 25 de julio de , se ponía el énfasis en penar la prostitución o su incitación, aunque hubiera consentimiento de las personas afectadas Art.

    Castigaba a quienes dirijan, financien o alquilen casas de prostitución y a quienes se beneficien económicamente de la prostitución de otras personas Art. Como aspecto positivo de este convención, puede señalarse que promovía la abolición de todo tipo de inscripción en registros especiales de las personas que se dedicaban a la prostitución.

    Stereotypes perpetuate the roles that society has conferred on women for example: In the case of art, has not been oblivious to these buildings. Through art and Visual constructions, the man has had the power to create imagined women, therefore, conceive a femininity that is the image of their most intimate desires and hidden fears.

    Such omnipresence is in our culture, and its artistic representation ranges from graphic image, until the video, before passing through the narrative cinema, he which exposes their more complex expression and its wider circulation. La definición del estereotipo se origina en el siglo XIX y en su uso moderno es una imagen mental, muy simplificada y con pocos detalles, es directo.

    En la dualidad prototípica de la cultura occidental las mujeres han sido respectivamente Evas o Marías, vírgenes o rameras, santas o brujas, diosas o esclavas.

    En este apartado analizaré la primera dicotomía genérica virgen-madre. Desde luego que contiene un conjunto de atributos de comportamiento, de relación con los hombres y de la definición de su ser, que, como en todas las vírgenes, se concreta en un cuerpo intocado, sólo materno, y que tiene una gran semejanza, paralelamente, con la naturaleza.

    Así también, arquetípicamente se refiere a la Gran Madre [1] como nuestro origen supremo y se remite y lo constata en todas las civilizaciones, en todas las historias, y lo verifica en el Renacimiento y dentro de la mitología judeo-cristiana. El origen también se remite al Génesis Eva de donde se desprende la mujer dotada de atributos de bondad y de pureza al igual que de maldad y desconfianza. Aparece muy ligados, a este estereotipo, la imagen de la virgen y el de la santa, que como comenta Gladys Villegas [2] son difíciles de retratar, pues se les considera almas carentes de vida emocional, y que del mismo modo se les ha construido su propio cliché: Los artistas que han realizado la imagen de la mujer virgen son numerosos, sólo citaré algunos: Por otro lado consideré la manifestación cultural de los chicanos la cual se caracteriza por la utilización de los símbolos religiosos, políticos, indígenas y por el reflejo de sus problemas sociales y de identidad.

    En el caso de la mujer, la imagen se refleja contundente tanto en sus raíces y tradiciones populares, retomando el ícono de la Virgen de Guadalupe.

    La imagen del estereotipo de la madre se muestra de una forma directa y tradicional en las obras de artistas españoles tal es el caso de Genaro Urrutia con Maternidad fig. La representación de la mujer ha venido marcada por un escaso desarrollo en lo que se refiere al arte español. Sin embargo, las realizaciones llevadas a cabo, marcan un hito en la Historia del Arte, tal vez precisamente por su fuerza en un mundo que les es hostil.

    A su vez, estos cuerpos se entrelazan con elementos decorativos con los que los cuerpos se entrelazan: Se encuentran en una especie de isla flotante sobre una superficie oscura. Se distinguen los rostros de las muchachas: Nuestra protagonista no conseguía encontrar trabajo y vivían del dinero que Pia ingresaba prostituyéndose.

    Como no admitía esta situación de dependencia económica, que le desagradaba profundamente, piensa, entonces, en la posibilidad de prostituirse: No estaban en el otro lado de la barricada, como las consideraba la gente. Para mí eran personas vencedoras, ni víctimas ni mujeres que hay que exorcizar. Empezó, así, una vida de prostitución y diversión. Salían, una noche o dos a la semana, a prostituirse y obtener lo mínimo para vivir dignamente, dedicando el resto del tiempo a pasarlo bien.

    Se prostituía, pues, a tiempo parcial. Las cosas le iban bien. Dejan de trabajar y siguen prostituyéndose para obtener dinero: Acudían a bares, discotecas y night para conseguir clientes. Por tanto, Carla pasa de ejercer la prostitución a tiempo parcial, a hacerlo a dedicación completa; y pasa, también, de trabajar por cuenta ajena, en locales, a hacerlo por cuenta propia.

    Ejerce la prostitución de día, no le gusta trabajar de noche. El ejercicio de la prostitución en la calle y no en los locales es un modo de ganar autonomía, de no trabajar para nadie, de conquistar libertad con respecto a los hombres, de librarse de la explotación laboral. Permítasenos una larga cita, pues vale la pena escuchar sus palabras:.

    Para empezar, no te hace padecer físicamente, porque la gente quiere oírte decir que te has sentido violada, violentada, que has puesto a la venta tu alma. Te pones a la venta porque necesitas dinero.

    Así se han emancipado, porque ahora lo ganan bien, y tienen un tren de vida que nunca habrían soñado. A lo mejor él les hubiera pegado porque bebía, habrían parido tres o cuatro hijos y no habrían podido vivir bien esa maternidad, así que ni siquiera habrían tenido la alegría de la maternidad.

    Han pasado de esa situación a otra, indudablemente mejor, por lo menos ya no dependen de una figura masculina. Pero en mi caso, la causa principal, lo que me empujó a prostituirme no ha sido sólo el dinero sino fundamentalmente el rechazo a las reglas fijas.

    También han contado sus características. He estado en Rusia y estaba llena de prostitutas, y sin embargo, todas las mujeres trabajaban, pero lo hacían por lo superfluo, por el consumismo que fascina siempre, sobre todo a quien no lo tiene.

    Lo hacen para tener unas medias bonitas, el vestido de moda, para ir a los hoteles lujosos sólo para extranjeros, donde ni siquiera pueden entrar. Tengo que confesar que, incluso al principio, iba a trabajar con gusto. Solemos ver a las prostitutas como unas desgraciadas, marginadas y desamparadas, y nos negamos a admitir, nos escandaliza, que las prostitutas puedan experimentar una serie de placeres en el ejercicio de la prostitución. Carla reconoce la existencia de estos placeres y habla de ellos.

    Señala la sensación de riesgo, que le excita, el placer de la transgresión y el de sentir poder o dominio sobre los clientes, sobre todo durante la negociación del precio del servicio. Ante esto, a Carla le atemoriza y produce ansiedad pensar en el futuro e insiste en la necesidad de que las prostitutas aprendan a ahorrar para enfrentar su vejez. Solemos tener, configurar y necesitar una imagen estereotipada de las prostitutas, en virtud de la cual son víctimas de sí mismas, de la sociedad y de los hombres 14 , unas perdedoras, unas desventuradas de quienes compadecerse.

    Pero esta imagen es eso: De hecho, Carla, como otras prostitutas, no se amolda a ese tópico: Evidentemente he sufrido por las dificultades de la vida, pero como todos. No quiero ser víctima de estos sufrimientos: Para ella la prostitución es un medio para alcanzar y mantener su libertad, su autonomía, su independencia.

    Es un medio que le permite eludir el papel tradicional de esposa y madre, así como su dependencia económica con respecto a un varón. Esta falta de amoldamiento al estereotipo conturba a los prejuiciadores. Por otra parte, su realidad y sus posiciones con respecto a la prostitución resultan opuestas y provocadoras con respecto a la concepción que muchas feministas tenían de la prostitución y a sus posicionamientos sobre ésta.

    Las feministas tenían de las prostitutas la imagen de unas mujeres excluidas y malhadadas, que se han visto forzadas por las circunstancias a ejercer la vil prostitución, de quienes esperaban que entonasen un mea culpa por vender su cuerpo a los hombres, que se mostrasen arrepentidas por lo que hacían y que quisieran dejar de hacerlo.

    Pero Carla, Pia y muchas otras prostitutas desbaratan esta imagen: Las feministas no aceptaban esta posición: Elegí hacerlo, nadie me ha obligado, me gusta, quiero seguir haciéndolo porque es un oficio que me va bien … se suscitaba el infierno. Carla ni muestra arrepentimiento por trabajar de puta ni quiere ser redimida por ello. No se presenta como víctima y el trabajo sexual que desempeña para vivir lo hace porque quiere, en la misma medida o con los mismos condicionamientos en su elección que pueden tener otras muchas personas a la hora de conseguir un trabajo con el que ganarse la vida.

    El libro de Carla Corso y Sandra Landi escandaliza porque problematiza los estereotipos que discursos de uno u otro tipo, tanto moralistas como feministas, han establecido sobre el mundo de la prostitución. Carla no nos presenta la historia de una mujer marginal e infeliz, apenada por lo que hace, sino que se presenta como una mujer que ha escogido lo que hace y que, gracias a los recursos que su trabajo le proporciona, vive felizmente, disfruta de la vida.

    Regresa a Verona, pues estaba enamorada de un militar norteamericano negro que residía allí. Las modelos, sensuales y semidesnudas, hacen la calle. Se habla sobre ellas pero sin escucharlas. En esa línea, Retrato de intensos colores, la narración de vida de la prostituta Carla Corso, escrita por Sandra Landi, es un libro de interés. Sólo una cobertura legal apropiada permite el empoderamiento. Hace diez años llegaban un par de ellas al mes. Desde el punto de vista de la discriminación por clases sociales, hay que tener en cuenta que la prostitución es un "mal trabajo", desagradable y mal pagado, pero que constituye una actividad refugio con la que se ganan la vida en cada país miles de mujeres con cargas familiares fotos de prostitutas gordas putas cubanas necesidades económicas urgentes.

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